La Pollera Colorá rindió homenaje a Adolfo Mejía: la historia de una hermandad que marcó la música colombiana
Por FUNDACOLORÁ
Una interpretación que despertó la memoria

La música tiene el poder de revivir la historia. En la conmemoración del 53.º aniversario del fallecimiento del maestro Adolfo Mejía Navarro, la Orquesta Sinfónica Incressendo de San Luis de Sincé ofreció un emotivo concierto en su honor. El homenaje comenzó en Sincé, continuó en Corozal y culminó en el Auditorio Adolfo Mejía, ubicado en el Claustro de La Merced, en Cartagena. Cada presentación permitió rendir tributo al legado del ilustre compositor sinceano.

Uno de los momentos más conmovedores del concierto fue la interpretación de La Pollera Colorá en versión sinfónica, una obra preparada como homenaje al maestro Juan Bautista Madera Castro, autor de la inolvidable melodía de la cumbia más representativa de Colombia.

La presentación fue ampliamente aplaudida por el público y constituye un reconocimiento al trabajo artístico de la Orquesta Sinfónica Incressendo, que continúa promoviendo el patrimonio musical colombiano a través de propuestas de gran calidad.
Revive el concierto completo de la Orquesta Sinfónica Incressendo durante la Semana Adolfo Mejía Navarro.
Una historia que pocos conocen
Más allá del homenaje musical existe una historia poco conocida que une para siempre a dos de los más grandes compositores nacidos en San Luis de Sincé.


Hablar de Adolfo Mejía Navarro y Juan Bautista Madera Castro no es solamente recordar a dos músicos excepcionales. Es hablar de una amistad que comenzó durante la infancia y que fue creciendo hasta convertirse en un profundo vínculo de admiración, respeto y cariño.
Esa relación tuvo un protagonista muy especial: Adolfo Mejía Valverde, padre del maestro Adolfo Mejía Navarro.
El hombre que despertó una vocación
Cuando Juan Bautista Madera Castro era apenas un niño, encontraba un motivo especial para visitar la casa de los Mejía.
Allí, don Adolfo Mejía Valverde reunía a varios niños del pueblo para enseñarles a interpretar la bandurria, un instrumento de origen español cuya sonoridad despertaba la imaginación de quienes lo escuchaban.
Con paciencia y dedicación, el maestro no solo enseñaba música; sembraba disciplina, sensibilidad y amor por el arte. Aquellas reuniones marcaron profundamente al pequeño Juan Bautista, quien descubrió allí el camino que años después lo llevaría a convertirse en uno de los compositores más importantes de Colombia.
Una rivalidad llena de cariño
Con el tiempo, el hijo de don Adolfo, Adolfito, viajó a Cartagena para continuar sus estudios musicales y posteriormente obtuvo una beca que le permitió perfeccionarse en París.
Cada vez que regresaba a Sincé durante sus vacaciones, toda la atención de su padre se concentraba naturalmente en él.
Aquellos celos infantiles dieron origen a una simpática «piquería» entre ambos amigos, una rivalidad llena de afecto que jamás debilitó la amistad que los unía. Por el contrario, con el paso de los años se convirtió en una relación fraterna basada en el respeto mutuo y en la admiración por el talento del otro.
Un recuerdo que nunca se borró
Muchos años después, durante un recorrido por el Parque Simón Bolívar de San Luis de Sincé, el maestro Juan Bautista Madera Castro observó el busto erigido en honor a Adolfo Mejía Navarro.
Al contemplarlo, los recuerdos de su infancia regresaron inmediatamente.
Recordó las enseñanzas de don Adolfo Mejía Valverde, las tardes de música, la bandurria y la amistad que compartió con quien siempre llamó cariñosamente «Adolfito».
Con su característico sentido del humor expresó una frase que hoy hace parte de la memoria de quienes lo conocieron:
«Adolfito, tú nunca le hiciste una canción a Sincé; sin embargo, te hicieron un busto. Porque los bustos se los hacen a los muertos. A mí me van a hacer una escultura… y yo la voy a abrazar.»
Aquellas palabras no fueron simplemente una ocurrencia. Representaban el sueño íntimo de un hombre que deseaba dejar un legado perdurable en la tierra que lo vio nacer.
Con el paso del tiempo, ese sueño se hizo realidad con la construcción de la escultura del maestro Juan Bautista Madera Castro en el Parque Cultural La Pollera Colorá, un lugar que hoy preserva su memoria y permite que las nuevas generaciones conozcan la dimensión de su aporte a la música colombiana.
Las clases de bandurria se suspendían temporalmente y el pequeño Juan Bautista sentía que le habían quitado el momento más esperado de sus tardes.
Un homenaje que trasciende el escenario
La interpretación de La Pollera Colorá por la Orquesta Sinfónica Incressendo durante la Semana Adolfo Mejía Navarro fue mucho más que una presentación artística.
Fue un encuentro simbólico entre dos gigantes de la música colombiana, unidos por una historia de infancia, amistad y admiración mutua.
Recordar estos episodios permite comprender que el patrimonio cultural no está formado únicamente por canciones y monumentos, sino también por las historias humanas que dieron origen a ese legado.
Hoy, el nombre de Adolfo Mejía Navarro y el de Juan Bautista Madera Castro continúan sonando juntos, demostrando que la música tiene la capacidad de vencer al tiempo y mantener viva la memoria de quienes dedicaron su vida a engrandecer la cultura de Colombia.
Galería audiovisual
Como complemento de esta reseña histórica, compartimos un segundo registro audiovisual con momentos especiales del homenaje realizado al maestro Adolfo Mejía Navarro y a la interpretación sinfónica de La Pollera Colorá, una obra que sigue uniendo generaciones a través de la música.
